Reflexiones sobre la Investigación Turística y los nuevos Paradigmas de Investigación
General 9 Comentarios »Parte V
Al abordar el tema del conocimiento, quiero significarles que son tres las condiciones más importantes para producirlo, que muestran las alternativas de investigación cualitativa: a) la recuperación de la subjetividad como espacio de construcción de la vida humana, b) la reivindicación de la vida cotidiana como escenario básico para comprender la realidad socio-cultural y c) la intersubjetividad y el consenso, como vehículos para acceder al conocimiento válido de esa realidad.
Claro está que para esto suceda, es necesario la aceptación de la premisa según la cual se asume que la experiencia humana tiene un triple afincamiento: universal (como especie), particular (como parte de una cultura y sociedad particular); y específico (como realidad única e irrepetible, propia de un momento de la historia social y personal).
De allí que los invito a reflexionar sobre lo planteado y a considerar la investigación turística, no como un fenómeno objetivo, visto desde fuera, sino como una realidad humana, donde están íntimamente imbricados la naturaleza, la cultura y el hombre.
Lo que conlleva, necesariamente a un abordaje de la realidad turística que privilegie el punto de vista del actor y el contexto donde éste se desenvuelve, donde el investigador tenga un contacto pleno con la realidad social a investigar, lo que conlleva a darle mayor espacio a los procesos de comunicación activa y a la participación de la población objeto de estudio en el proceso de transformación social.
Cuestión, que sólo es posible a través de una investigación del turismo concebida por y para el hombre, tomando en cuenta a sus comunidades y respetando su cultura y sus diferencias, lo que lógicamente nos conduce a dejar atrás el modelo “industria turística” y a reemplazar éste por el modelo “Turismo Sustentable”, ya que como se afirma en el Foro Barcelona 2004 “El desarrollo turístico debe fundamentarse sobre criterios de sotenibilidad, es decir, ha de ser soportable ecológicamente a largo plazo, culturalmente respetuoso, viable económicamente y equitativo desde una perspectiva ética y social para las comunidades locales ya que una buena gestión del turismo exige garantizar la sostenibilidad de los recursos de los que depende”.
Ahora bien, ¿cómo lograr este cometido?, a mi modo de ver, la única forma es a través de la participación comunitaria, pero eso sí de una participación consciente solidaria, lo que implica, en primer lugar un compromiso real y verdadero con uno mismo y con los otros, con el planeta, con la vida, es decir, un compromiso del gobierno, de las transnacionales, de las empresas turísticas, de los inversionistas, de los hombres y mujeres que habitan este planeta, compromiso con un mundo que nos duela a todos, ya que esta es la única forma de salvar los destinos turísticos, que como tal son patrimonio de la humanidad.
Por ello, al hablar de compromiso son propicias las palabras del educador barrilero Paulo Freire, sobre el modo de entender la solidaridad, a saber:
Este compromiso con la humanización del hombre que implica una responsabilidad histórica, no puede realizarse a través de la palabrería, ni de ninguna otra forma de huir del mundo, de la realidad concreta donde se encuentran los hombres concretos. El compromiso como propio de la existencia humana, sólo existe en el engarzamiento en la realidad, en cuyas aguas los hombres verdaderamente comprometidos se empapan.
Agregando, el mismo autor, que: “El verdadero compromiso es la solidaridad con aquellos que, en la situación concreta, están cosificados y no la solidaridad con quienes niegan el compromiso solidario”.
Ya que este compromiso con la humanización del hombre indefectiblemente nos conduce a la sustentabilidad, o sea al resguardo, la conservación de lo poseemos en su verdadero ser, en su verdadero estado, no sólo para nuestro disfrute sino para el de todos, de allí que en la Carta de la Tierra, aprobada por la Organización de Naciones Unidas en el año 2000, se exprese: “En medio de la magnífica diversidad de culturas y formas de vida, somos una sola familia humana y una sola comunidad terrestre con un destino común”.
E, igualmente lo expresado por Guzmán Ramos (s/f) cuando al realizar un análisis de las consecuencias del proceso de la globalización en la actividad turística, afirma:
Lo que la actual situación parece confirmar es que el desarrollo mundial del turismo no puede encaminarse hacia la sustentabilidad con las estructuras políticas y económicas fijadas (por decirlo de alguna manera) por la globalización. Para ello es necesario dar valor a la escala local para que juegue un rol particular en la realización de un proyecto concreto de dinamización endógena y políticas participativas. Esto significa que los esfuerzos para aplicar programas turísticos, sociales, ambientales y económicamente sustentables, difícilmente tendrán éxito si no se realizan cambios estructurales profundos en el sistema mundial. Por lo tanto las desigualdades seguirán siendo la característica más importante en este momento de la historia de la humanidad y el turismo sólo logrará profundizarlas.
Y al respecto consideramos que esta participación de la comunidades debe comenzar desde la etapa investigativa, que es lo que va a permitir que la comunidad conozca a cabalidad sus necesidades; y para ello es preciso hacer investigación, pero, no una investigación realizada por académicos y subvencionada por entes centralizados, nacionales o internacionales que ven a las comunidades como objeto de la misma, sino a través de una investigación acción participativa, basada en el paradigma crítico, donde la comunidad es objeto y sujeto de la investigación y por lo tanto la gestora de su propio desarrollo.

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